NO HAY CHANCES

Mientras esperamos la reanudación de la Copa Libertadores debemos hacernos un pregunta dura: ¿cuáles son las verdaderas chances del equipo ante el complicado escenario de la falta de competencia?

El Lìder otra vez haciendo frente a la adversidad. Otra prueba de fuego en el medio de la incertidumbre.

Vamos a decirlo de entrada y de manera clara y contundente: en esta Copa Libertadores edición 2020 River no tiene ninguna chance. No sólo no hay posibilidades de ganarla, será muy difícil pasar hasta la primera rueda. No intentemos disimular ni disfrazar un cuadro de situación complejo e inédito: seis meses sin competencia oficial, apenas un mes de entrenamiento, un titular con coronavirus —Casco—, un delantero clave lesionado —Pratto—, un goleador instalado en Rosario —Scocco— y el autor del gol eterno en Madrid con la mente en China y el cuerpo en Miami —Juanfer—. ¿No les parece mucho viento en contra como para intentar remontar otra vez el barrilete?

Todos sabemos que sí. Más allá de la ansiedad de los jugadores que deben tener unas ganas inmensas por comenzar a competir de una buena vez, todos saben que nos toca la más difícil entre todos los equipos argentinos que tienen la ambición de ganar la Copa. Los rivales tienen meses de competencia, con más de diez partidos jugados cada uno. Tuvieron tiempo de prepararse físicamente, de jugar amistosos preparatorios, participar en torneos oficiales y ponerse bien a punto para afrontar la competencia que todos quieren ganar. Ante este panorama incierto y preocupante, ¿qué es lo que hace que estemos desesperados porque llegue rápidamente la hora en que empecemos a jugar de una buena vez?

Pensémoslo bien: no hay posibilidades. Nos faltará ritmo futbolístico como equipo, apenas se pudieron realizar en estos días algunas prácticas en donde se pararon los presuntos titulares que jugarán en San Pablo. Sabemos que River entrena como juega, ¿pero cómo reemplazaremos el rodaje que cualquier equipo necesita para ajustar su juego? La esencia del equipo es la intensidad física y mental, ¿cómo exigir que el cuerpo de los jugadores se entregue a esa intensidad sin que aparezcan lesiones musculares o el cansancio prematuro? ¿Podrá el equipo mutar su esencia a otra forma de juego que se adapte a este escenario impensado e impredecible?

Si nos atenemos a la racionalidad, al sentido común, a la experiencia futbolera, debemos afrontar la realidad y decirlo claramente: no hay chances. Pero hay algo que nos nace del corazón, que nos viene desde el fondo de las tripas, que reside en lo más profundo de nuestra memoria emotiva: sabemos que el Líder va a saber qué hacer para que el equipo esté a la altura. Ojo, no hablo de ganar, a pesar de que ganamos mucho, entre otras cosas el partido más importante de la historia, si no que hablamos de estar a la altura, de dar la talla, de presentar pelea. Tenemos muchos y variados ejemplos de eso, en las victorias, que son muchas, pero también en las derrotas, donde siempre nos fuimos con la frente en alto.

Lo repito: no hay chances. Eso nos dice la razón. El corazón nos dice otra cosa: vamos a estar a la altura. Ninguna pandemia podrá hacer que el Líder y su grupo no nos hagan sentir orgullosos otra vez. En la victoria y en la derrota sabremos estar, el equipo en la cancha, nosotros frente a la radio o el televisor: una alianza indestructible que ninguna circunstancia va a lograr romper. Ahí sí que no tienen ninguna chance. Los hinchas también sabremos estar. No podemos más de las ganas de empezar a jugar.

Sergio San Juan

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