El River especial de 2004

Se cumple otro aniversario del campeonato Clausura conquistado por el equipo dirigido por Astrada, la estrella número 32 de la historia del club, y quiero explicar por qué significa tanto para mí.

Yo tenía cinco años, y hacía frío. Yo estaba con mi papá en la San Martín Alta, y tenía un buzo de manga larga con la camiseta del 2001, la del cuellito negro con Quilmes en el pecho, puesta encima. River se vistió de negro y salió a la cancha bajo una lluvia interminable de papelitos. Me acuerdo de pocas cosas, pero una es bastante clara: el partido arrancaba a las 5, y entramos sobre la hora. La gente pedía que abrieran enviando no tan amables saludos a las madres de los policías que controlaban la puerta.

En el primer tiempo, y reitero, recuerdo poco, metió el gol Gallardo. Pase atrás de Cavenaghi, y el Muñeco entró de frente. De donde estábamos pareció que fue una bala: fuerte, por bajo, al primer palo. Inatajable. En el entretiempo, todos cantábamos que el título se lo dedicábamos a Boca. ¿Qué cosa, no?, que se involucre Gallardo para sacarle títulos a Boca.

Arranca el segundo tiempo, y River ¡cambió de camiseta! Yo no lo entendía mucho, pero bueno. Empató Rafaela. Les cobraron un penal, no tengo claro por qué, y su gente lo festejó como si fuese agua en el desierto. Ahora sé que peleaban el descenso hasta el último segundo. Penal, gol y, como suele ser sufrimiento. Perder era regalarle el torneo a Boca. Veníamos de un golpe fuerte, y otro hubiese sido demoledor. Algo así como perder dos finales en un año con tu clásico rival.

Final, y a festejar. Me abracé con un señor de adelante mío, grande, que obviamente no sé quién es ni volví a registrar en mi vida. Lo abracé mucho, lo solté, me saqué la camiseta, la de River del 2001, abracé a mi papá y la revoleé por lo que hoy me parece que fueron tres horas.

Los goles (River marca con la negra y recibe con la blanca) y los festejos de ese 27 de junio.

No fue un súper equipo de River, o quizá sí, pero se perdió el pasar definitivamente a la historia por cosas del destino, o del azar, o la casualidad, o lo que sea. Gallardo y Cavenaghi sacándonos campeones, robándole el título a Boca, y con mi papá en la tribuna. Mi papá iba siempre a ver a River. Siempre: de local y de visitante. Yo quería ir, pero era chico; esa fue mi primera vez. Tal vez sea en retrospectiva, con el diario del lunes como se suele decir, pero para mí, ese River campeón del Clausura 2004 es muy especial.

Joaquín Falcone

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