Las razones para soñar con la vuelta olímpica

River está imparable y cuenta con un enorme crecimiento a nivel colectivo e individual. ¿Cuáles son los motivos para ilusionarse con el tan esperado título local de Gallardo?

La ilusión es imposible de medir. No existe manera de cuantificar su valor. Sin embargo, durante estas horas se puede sentir en la querida avenida Figueroa Alcorta. Es que River ofrece suficientes razones para pensar que de una buena vez puede cumplirse esa especie de deuda que tiene Marcelo Gallardo: obtener el torneo de Primera División después de arrasar en el plano internacional y, por si algún desprevenido se olvida, ganar la final más soñada por cualquier hincha del planeta, guste a quien le guste.

Aunque sufre lesiones y ausencias por convocatorias, esta versión de River comienza a hacerse fuerte anímicamente, tal como sucedió con los equipos inolvidables de 2015 y 2018. Parece que cada adversidad representa un desafío, un obstáculo nuevo para superar, una motivación extra que sirve como trampolín para elevar la vara y crecer partido tras partido.

Hoy River no solo ostenta seis victorias consecutivas, todo un mérito en el siempre complejo fútbol argentino, sino que además exhibe momentos de alto vuelo futbolístico. Y cuando el panorama es difícil ante las bajas inexorables, consigue los tres puntos en compromisos que hasta hace no mucho representaban un auténtico problema. Los éxitos contra Sarmiento y Banfield son una prueba de esa tendencia que se modificó.

La presencia de Gallardo y un cuerpo técnico de lujo que merece su reconocimiento ya implican de por sí un argumento más que válido para tener esperanzas de cerrar el año con un brindis especial, pero las razones para soñar en este momento tienen bases sólidas en un plantel que brinda soluciones y posee en Julián Álvarez a un verdadero ancho de espadas. Sin la jerarquía probada de otras épocas -vale aclarar que hay jugadores que dentro de unos meses pueden ser indiscutidos en la consideración de la gente-, aunque con un abanico de posibilidades bastante amplio que le da muchas variantes al DT, River tiene recursos de sobra para pisar fuerte en cualquier cancha.

Más allá de las ausencias eventuales en cada sector del campo, siempre hay una alternativa natural o una pieza que encaja en el rompecabezas de manera inesperada, como ocurrió con Bruno Zuculini siendo marcador central, Santiago Simón -qué calidad de pase, por favor- ocupando el lateral derecho y recientemente la grata sorpresa de Robert Rojas en una función que ya registraba en la Selección de Paraguay. La lista de ejemplos podría continuar, pero es mejor detenerse en esas muestras para tomar cuenta de que el Muñeco siempre es capaz de sacar lo mejor de cada dirigido, incluso en lugares donde cuesta imaginarlos de antemano.

Los diez partidos sin perder luego de la eliminación ante Atlético Mineiro son una auténtica carta de presentación para que River sea el principal candidato al título. Así como en distintos tramos de 2021 el equipo se había acostumbrado a sufrir golpes, el presente refleja ocho triunfos y dos empates después de aquella fatídica en Belo Horizonte, donde pocos recuerdan que no estuvo Enzo Pérez. Y acá es indispensable detenerse: con el mendocino entre los once, River siempre tiene el control del juego. Los números hablan: sin él, hubo dos caídas (1-2 con Colón y mencionado 0-3 en Brasil) y un empate antes de salir a flote para vencer a Banfield, un rival al que River no pudo maniatar.

La gran victoria 2-1 sobre Boca también es digna de resaltar a la hora de poner en la balanza los motivos para alimentar el sueño: además de haberle ganado de manera categórica -aunque el resultado sea mentiroso- a un posible rival en la carrera por el título de la Liga Profesional, esa inolvidable tarde mostró a un equipo suelto, repleto de pases que permitieron incrementar muchísimo la confianza de varios jugadores, tal es el caso de Agustín Palavecino, Simón y compañía.

Por supuesto que en el recorrido restante habrá que sobreponerse a un campo minado de inconvenientes. Con la baja de Matías Suárez para el resto del certamen y los vaivenes físicos de distintos protagonistas, como por ejemplo Fabrizio Angileri, River sabe que lo que viene será un reto constante. Y Gallardo es plenamente consciente de que la lucha promete ser tediosa. Seguramente quedarán puntos en el camino. También le sucederá a los demás competidores, algo que Napoleón dejó en claro en más de una ocasión.

Talleres, en Córdoba, es el próximo rival. Un partido de esos que al DT le encanta preparar, una suerte de final anticipada, pero sin eliminación de por medio. River llega encumbrado, con la dosis necesaria de eficacia en el área rival, un circuito de juego que está evolucionando y apenas un aspecto no menor en el debe: el funcionamiento defensivo que no logra repetir nombres a lo largo de las semanas para reducir el margen de error. Sin embargo, al no tratarse de una competencia mano a mano, la Liga Profesional ofrece licencia para reponerse a esa problemática. La carrera es larga y esta vez da la sensación de que el campeón más poderoso de la historia reúne las condiciones para conquistar formalmente el único lugar del continente donde todavía no plantó su bandera roja y blanca.

Germán Balcarce
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