Marcelo Gallardo: ADN riverplatense en su máximo esplendor

Representante indeleble de una identidad, alumno de una escuela y maestro de la próxima. En el día del DT, unas palabras para el Muñeco.

La historia de River es muy grande. Demasiado grande. Por ella pasaron diferentes maestros que dejaron sus huellas y aportaron muchísimo para que hoy el club sea lo que es. Cronológicamente los más grandes fueron: el húngaro Hirschl, el Tano Cesarini, Jose María Minella, Ángel Labruna, Ramón Díaz y por último, el hijo prodigio, Marcelo Daniel Gallardo.

La historia del Muñeco es la más reciente, de la cuál tenemos el enorme privilegio de ser contemporáneos. Llegó en 2014, después del campeonato ganado por Ramón. Siendo un hombre de la casa, pero con poca experiencia como entrenador y con apenas 38 años. Habrá algunos que confiaron desde el primer minuto, pero la realidad es que ni el hincha más optimista hubiera imaginado lo que iba a lograr.

Lo más lógico sería detenerse en elogiar y recordar tantos gloriosos triunfos que nos regaló en esta última era. Aquellos partidos que quedarán eternamente en la retina de los riverplatenses. La inigualable final en Madrid, la noche soñada en Mendoza, su primera Libertadores bajó una lluvia torrencial, las otras tres eliminaciones al clásico rival y tantas más. Pero su grandeza no se mide solo por los logros, va mucho más allá.

Lógicamente, dentro de muchos años estos encuentros van a ser los que veremos una y otra vez, pero nosotros, hinchas de River contemporáneos a Napoleón, le hablaremos a nuestros hijos y nietos de lo que hubo más allá. Porque esta era gloriosa trasciende las copas, Gallardo respetó una filosofía, reafirmó más que nunca la identidad riverplatense que unos años atrás había estado desorientada, logró hacer a River más grande y eso ya es muy difícil.

Jamás resignó la idea de ser protagonista e ir al frente futbolísticamente como esta camiseta demanda, tampoco se olvidó del paladar negro del club, transmitió a todos sus planteles el ADN riverplatense que lleva inyectado en la sangre: exigencia y excelencia como receta para el éxito. Y todo esto no quedó en un simple discurso, lo reafirmó año a año y esperemos que lo siga haciendo por muchos más.

Su magnitud es tan grande, que va más allá de los resultados futbolísticos. En su gestión el club creció infraestructuralmente bajo su expreso pedido (vestuarios y mejoras en el RiverCamp), se ocupó de las Inferiores haciendo debutar a 42 futbolistas y se encargó de todos los detalles que hoy hacen a este presente magnífico.

“Vivir y jugar con grandeza”, reza el nuevo lema del Club Atlético River Plate. La firma de Marcelo Gallardo debería estar al pie de la frase. El mejor representante del hincha y de nuestra historia es nuestro director técnico. Feliz día Napoleón.

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