Que se repita

Hace 3 años les ganamos 2 a 0 en Mendoza y levantamos la Supercopa en su cara. Y pensamos que era lo mejor, pero nos faltaba Madrid. ¡Que se repita hoy!

Hace tres años exactamente estábamos mordiendónos las uñas, los dedos, los codos… Una final contra Boca. Algo que se da muy cada tanto. Y era una prueba tremenda, porque las finales tenés que ganarlas, siempre. Y ni hablar contra tu clásico rival.

Para colmo, River venía muy mal en ese inicio de año. Perdía partidos increíbles, no generaba nada desde el juego, preocupante. ¿Y Boca? Boca era un máquina en ese momento. Ganaba y ganaba. Seamos sinceros, todos estábamos preocupados. Excepto Gallardo. El Muñeco era el único que sabía que todo “era parte de la estrategia”.

Aquella noche de Mendoza enfrentaba al campeón del torneo local (Boca) con el campeón de la Copa Argentina (River). Recién ahora tomamos dimensión de lo importante que fue ganar la Copa Argentina en 2017. Tras la dura eliminación de la Libertadores con Lanús, fue un pequeño alivio. Pero además, nos daba la posibilidad de clasificar a la competición continental en 2018 (ya todos recuerdan cómo terminó). Y, como frutilla del postre, una final contra Boca en la tierra del vino.

Ese día River se plantó y demostró, una vez más, por qué es el mejor equipo. Porque da la cara siempre. Sin importar en qué momento sea, uno sabe que este equipo no te deja a pata. Aquella noche, Nacho Fernández fue fundamental, y generó el penal que le hizo Edwin Cardona. Y, obviamente, no podía ser otro que el Pity Martínez, que ya estaba “loco”, el que la mandara al fondo de la red.

Por supuesto, con el gol de ventaja, Boca comenzó a apretar a River que de todas formas se lo veía entero. No obstante, tuvo que recurrir a otro de los que se agranda frente a Boca: Armani. El arquero del Millo volvería a tener intervenciones fundamentales, como pasaría en la final de la Libertadores para mantener el cero en nuestro arco.

Con Boca jugado, en el segundo tiempo era cuestión de meter una contra y sellar las cosas. Y fue lo que pasó: Nacho Scocco ya estaba en cancha, y tras un córner, Nacho Fernández agarró la pelota y corrió 70 metros. Cardona todavía lo está tratando de alcanzar. El ahora jugador del Atlético Mineiro descargó para el Pity que enganchó y con la fórmula de Gallardo llegó el segundo: pase atrás al medio del área y el 9 que la empuja. Scocco y gol. Campeones. En su cara.

Ese día todo era alegría. Estábamos en la cima de la montaña. Ganarle una final a Boca. Verlos con la medalla del segundo mientras nosotros levantábamos la copa. En un verdadero mano a mano. Qué ilusos, no sabíamos lo que se venía. Hoy, a tres años de este momento, jugamos nuevamente contra ellos. Ojalá se repita. Ojalá sea el puntapié inicial de un año inolvidable. Lo merecemos.

Alejandro de Speluzzi
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